Por qué empecé inklui
Durante mucho tiempo tuve una sensación que creo que comparten muchos docentes: la de que no hay recursos suficientes para atender a la diversidad en el aula. Buscabas materiales para un alumno con dislexia, o una metodología para trabajar con un alumno con TEA, y parecía que no había nada, o que lo poco que encontrabas estaba disperso, suelto, imposible de localizar cuando de verdad lo necesitabas.
Con el tiempo me di cuenta de que me equivocaba. Recursos hay, y muy buenos. Lo que faltaba no eran los materiales, sino un sitio que los reuniera todos en un mismo lugar.
De una biblioteca personal a una compartida
Al principio quería hacer algo solo para mí: una especie de biblioteca personal donde guardar todo lo que iba encontrando, para no tener que volver a buscarlo cada vez. Una carpeta ordenada con los enlaces, los libros y las herramientas que de verdad funcionaban.
Pero cuanto más la construía, más clara tenía una idea: el conocimiento que te guardas para ti vale mucho menos que el que compartes. ¿Para qué tener una biblioteca cerrada, si esos mismos recursos podían ayudar a cualquier docente que estuviera pasando por lo mismo que yo?
Ahí dejó de ser un proyecto personal y se convirtió en inklui.
Dejar una marca
Como profesora, creo que lo más bonito de este trabajo es dejar una marca en las personas. Que detrás de cada experiencia haya un aprendizaje. Y no se me ocurría mejor manera de hacerlo que poner al alcance de todos los recursos que he ido reuniendo, para que cualquier docente pueda aprender a su ritmo, buscar lo que necesita y aplicarlo en su aula.
inklui es eso: una biblioteca abierta, ordenada y verificada, pensada para que ningún profesor tenga que empezar de cero ni perder horas buscando lo que ya existe.
También para las familias
Pero inklui no es solo para docentes. Quería que también sirviera a padres y madres.
Recibir un diagnóstico no es un instante, es un proceso. Paniagua (2014) describe las fases que atraviesan muchas familias tras conocerlo: una primera fase de shock, en la que la noticia produce un bloqueo; una fase de negación, en la que se busca otra explicación o un diagnóstico distinto; una fase de reacción, cargada de emociones como la culpa o el enfado; y finalmente una fase de adaptación, en la que la familia reorganiza su vida y sus expectativas. Cada una de esas etapas viene cargada de incertidumbre, de muchas preguntas y de pocas respuestas claras.
Y aunque una familia tenga al lado a un buen profesor, a un orientador o a un especialista en pedagogía terapéutica, saber que existe un lugar al que acudir para informarse, entender y encontrar apoyo cambia las cosas. Tener esa información a mano, cuando la necesitas, es algo que tranquiliza.
Por eso inklui es también para ellas: un espacio donde la información está ordenada y accesible, para que ningún padre o madre se sienta solo ante un diagnóstico.
Lo que viene
inklui es solo el principio. Seguirá creciendo, sumando recursos y mejorando, porque la educación inclusiva no para de avanzar y este proyecto quiere avanzar con ella.
Si eres docente, familia o simplemente alguien que cree que todo el mundo merece aprender sin barreras, espero que aquí encuentres algo que te ayude.
Referencias
Paniagua, G. (2014). Las familias de niños con necesidades educativas especiales. En A. Marchesi, C. Coll y J. Palacios (Comps.), Desarrollo psicológico y educación 3. Trastornos del desarrollo y necesidades educativas especiales (pp. 469-493). Alianza Editorial.
Maider García Llorente